Prestigio de la oscuridad

Al convertirse la ciencia, cada día más, en una misteriosa magia, aumenta proporcionalmente su prestigio. Einstein usufructúa una fama que nunca tuvo Galileo, pues en aquel tiempo la ciencia estaba todavía al alcance de las mentalidades comunes: el hacer caer dos piedras desde lo alto de una torre era un acontecimiento más apropiado para divertir a los estudiantes de Pisa que para dar renombre filosófico; y así, mientras las travesuras de Galileo eran motivo de jarana entre los muchachos, los profesores que repetían las enigmáticas frases de la Escolástica pasaban por gente profunda. Luego la ciencia fue evolucionando rápidamente hacia la abstracción, aumentando en forma correlativa su oscuridad y ganando el prestigio que antes el vulgo concedía a la magia, a la teología y a la metafísica. La fama se propagó en razón inversa de la comprensión, alcanzando su cumbre en Albert Einstein, el hombre que probablemente es más respetado en nuestro tiempo, por ser el menos comprendido.
Lo profundo es a menudo oscuro. Así, a causa de su profundidad, son oscuros problemas como el de Dios, la cuarta dimensión, el pecado, la esencia de la belleza. Por la misma causa suelen ser oscuros Platón, Aristóteles, Einstein o Heidegger. Pero la gente, con esa facultad que tiene de convertir un silogismo en un paralogismo, invierte la proposición y sale creyendo que todo lo oscuro es profundo. Que es una tontería, se prueba exhibiendo el examen de matemáticas de un mal alumno.
Todo esto parece una perogrullada, pero no lo es. Y numerosas famas se fundan en ese paralogismo. Ya Tácito dijo (Hist. 1, 2) que: “El espíritu humano tiende a creer con mejor voluntad las cosas oscuras”. Verdad que saben y practican los políticos y demagogos desde el comienzo de los tiempos. Nadie puede dudar de que parte de la fama de Yrigoyen fue debida a su lenguaje sibilino. Tampoco debe dudarse de que la fama de algunos escritores nuestros proviene de cierto yrigoyenismo lingüístico, a favor del cual han adquirido fama de profundos.
De una vez por todas, pues, distingamos entre la expresión de la oscuridad y la oscuridad de expresión. Es cierto que hay problemas oscuros, como el de la existencia de Dios; mayor razón para expresar nítidamente en qué son oscuros.

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