Del lado de acá - Capítulo 41
Vos tendés a
moverte en el continuo, como dicen los físicos, mientras que yo soy sumamente
sensible a la discontinuidad vertiginosa de la existencia. En este mismo momento
el café con leche irrumpe, se instala, impera, se difunde, se reitera en cientos
de miles de hogares. Los mates han sido lavados, guardados, abolidos. Una zona
temporal de café con leche cubre este sector del continente americano. Pensá en
todo lo que eso supone y acarrea. Madres diligentes que aleccionan a sus
párvulos sobre la dietética láctea, reuniones infantiles en torno a la mesa de
la antecocina, en cuya parte superior todas son sonrisas y en la inferior un
diluvio de patadas y pellizcos. Decir café con leche a esta hora significa
mutación, convergencia amable hacia el fin de la jornada, recuento de las buenas
acciones, de las acciones al portador, situaciones transitorias, vagos proemios
a lo que las seis de la tarde, hora terrible de llave en las puertas y carreras
al ómnibus, concretará brutalmente. A esta hora casi nadie hace el amor, eso es
antes o después. A esta hora se piensa en la ducha (pero la tomaremos a las
cinco) y la gente empieza a rumiar las posibilidades de la noche, es decir si
van a ir a ver a Paulina Singerman o a Toco Tarántolaz (pero no estamos seguros,
todavía hay tiempo). ¿Qué tiene ya que ver todo eso con la hora del mate? No te
hablo del mate mal tomado, superpuesto al café con leche, sino al auténtico que
yo quería, a la hora justa, en el momento de más frío. Y esas cosas me parece
que no las comprendés lo suficiente.
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