El error consiste en creer que la metafísica únicamente se encuentra en vastos y oscuros volúmenes escritos por profesores. Cuando, como dijo Nietzsche, la metafísica está en la calle. El bien y el mal, la muerte, el destino, no son problemas abstractos sino que están unidos a la suerte del hombre concreto, ese hombre que habita en la realidad y en la ficción. ¿Cómo puede eludir la metafísica una novela profunda? Es claro que, para encarnarse, esos problemas del amor o de la muerte se vuelven psicología o sociología, pero no hay que engañarse: debajo está siempre, inexorablemente, la metafísica. Los hombres actúan en una época, dentro de un sistema de convenciones, pero sus enigmas esenciales no tienen tiempo ni lugar.
Nuestra época acentúa el carácter metafísico de la ficción, al mismo tiempo que atenúa el costumbrismo y el folklore. No porque la novela se haga cosmopolita, ni porque adquiera los mismos atributos del bridge, las playas internacionales o los grandes hoteles de París o Buenos Aires; sino porque va alcanzando la universalidad por abajo, por el vasto subsuelo de los misterios metafísicos. ¿Qué tiene Kafka de checoslovaco?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
ingrese su opinión aquí