El
día sábado 14 de Junio de 1952, yo, fulano, exiguo, cumplí 24 años,
vísperas del trascendental Cuarto de siglo, bodas de plata con la vida,
que no me ha tratado tan mal, después de todo. Tempranito me fui al rió a
repetir suerte con los pescados, pero este deporte es como el juego: el
que empieza ganando va perdiendo. Por la tarde jugamos un partido de
fútbol en el que ocupe mi habitual plaza de arquero con mejor resultado
que las veces anteriores. Por la noche, después de pasar por la casa del
doctor Bresani que nos invitó con una rica y abundante comida, nos
agasajaron en el comedor nuestro con el licor nacional, el pisco, del
cual Alberto tiene precisa experiencia por sus efectos sobre el sistema
nervioso central. Ya picaditos todo los ánimos, el director de la
Colonia brindó por nosotros en una manera muy simpática y yo,
"pisqueado", elabore mas o menos lo que sigue:
Bueno, es una obligación para mí el agradecer con algo mas que con un gesto convencional, el brindis que me ofrece el
Dr.
Bresani. En las precarias condiciones en que viajamos, solo queda como
recurso de la expresión afectiva la palabra, y es empleándola que quiero
expresar mi agradecimiento, y el de mi compañero de viaje, a todo el
personal de la colonia, que, casi sin conocemos, nos ha dado esta
magnífica demostración de afecto que significa para nosotros la
deferencia de festejar nuestro cumpleaños, como si fuera la fiesta
intima de alguno de ustedes. Pero hay algo más; dentro de pocos días
dejaremos el territorio peruano, y por ello estas palabras toman la
significación secundaria de una despedida, en la cual pongo todo mi
empeño en expresar nuestro reconocimiento a todo el pueblo de este país,
que en forma interrumpida nos ha colmado de agasajos, desde nuestra
entrada por Tacna. Quiero recalcar algo mas, un poco al margen del tema
de este brindis: aunque lo exiguo de nuestras personalidades nos impide
ser voceros de su causa, creemos, y después de este viaje más firmemente
que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e
ilusorias es completamente ficticia. Constituimos una sola raza mestiza
que desde México hasta el estrecho de Magallanes presenta notables
similitudes etnográficas. Por eso, tratando de quitarme toda carga de
provincialismo exiguo, brindo por Perú y por América Unida.
Grandes
aplausos coronaron mi pieza oratoria. La fiesta, que en estas regiones
consisten en tomar la mayor cantidad posible de alcohol, continuo hasta
las 3 de la mañana, hora en que plantamos bandera.
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